El
tiempo no se para por ti y, ni mucho menos, por mí.
Y el
tiempo, aunque parezca que no, se está llevando las oportunidades, las heridas
y las torpezas que un día consiguieron que nos enamorásemos.El tiempo se acaba. Ahora, tú y yo,
seguimos girándonos para mirar, sin esperar a que el otro diga nada, soportando
las heridas que sabemos que las ausencias y los papeles secundarios están
curando. Pero las tiritas, de toda la vida, son el peor remedio para olvidar.
Todas
las esperanzas, ahora, están depositadas en la distancia.
Igual,
quizá, cuando nos vayamos de aquí, nos dejamos de acordar de qué pasaba los 23
de cada mes.
Por mi
parte, hace tiempo que dejé de intentar descifrarte. Y eso que a veces creo que
llegué a ser la única capaz de montar tu puzzle con los ojos
cerrados. Y ahora,
esa seguridad, ¿Dónde demonios está?
..
Tú.
Fuiste
tú quien te la llevaste, quien me la roba día tras día, cada vez que intento
acercarme a ese que dicen que me quiso.
¿Me
quiso? Puede, tal vez. No lo sé.
y
ahora
¿
me
quiere
?
Qué curioso, no tenemos nada que decir y, sin embargo, nos están matando las ganas de hablar.
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