domingo, 8 de enero de 2017

Para los que siguen creyendo

Hay que vivir la vida, dicen. Hay que dejarse llevar, arriesgar para ganar, perder para aprender. Y la cosa no va mal, por ahora. Aunque a veces duela, aunque a veces no nos salga del todo bien, sobrevivimos sin problema. Seguimos adelante. Porque tenemos algo que se mueve con nosotros vayamos donde vayamos. Y es que contamos con el mejor equipo de suporte técnico y práctico de la historia: nuestros amigos. No importa la distancia, no importa el problema, la movida, el rollo que nos hayan contado que nos ha acabado rayando la cabeza. Están ahí. Y les cuentas y te escuchan, y te cuentan y les escuchas. Y qué ilusión que a pesar de la distancia, siga todo exactamente igual. Y qué guay verles felices y cómo mola que, a pesar de que te hayan hecho daño, hayas conseguido volver a estar bien para poder disfrutar de todo a tope. Porque aquí estamos para eso, porque si no es ahora, ¿cuándo? Y si no es contigo mismo bien, ¿con quién y para qué? No te pares, no respires. Cierra los ojos, muévete y vive. Que tienes al mundo a tus pies. Que este es el momento. 

Para los que han dejado de creer

Hay que vivir la vida, dicen. Hay que dejarse llevar, arriesgarse para ganar, perder para aprender. Sin embargo, estamos en un momento de nuestras vidas en el que estamos tan rotos por dentro que no importa tener miedo. No importa no arriesgar, no importa no aprender, no conocer; no importa pararnos a mitad de camino. Intentemos evitar cualquier maremoto, cualquier noticia que anuncie tormenta. Esquivémoslas lo mejor que podamos. Quieto, para, respira. La vida es maravillosa ahora mismo. Mira a tu alrededor, ¿hay problemas? No. Y aunque al final de esa calle parezca haber una farola encendida, música de fiesta o un ramo de flores, quédate quieto. No respires. Que no noten tu presencia. Vuélvete invisible, date la vuelta, corre, huye. Ve a un lugar seguro, refúgiate de todo aquello que tenga el mínimo riesgo de caer. Porque como por alguna casualidad se derrumbe, te va a golpear a ti de lleno. Y te va a dar directamente en el corazón.  Y ya no tienes más vidas, las has gastado todas. Porque,como por alguna casualidad la tormenta no amaine, olvídate de seguir viviendo, de seguir sintiendo.  Olvídate de recuperar la esperanza. Olvídate de volver a confiar, de volver a querer y, sobre todo, olvídate de volver a quererte. Quieto, para, respira. No te muevas. Es la única manera que tienes para seguir con vida. Es tu última oportunidad. Ni un paso adelante más. Ni un paso atrás. Porque como retrocedas, te caes al precipicio que han escavado para ti durante todo este tiempo. Quédate quieto. No respires. Es tu última oportunidad.