lunes, 16 de mayo de 2016

El gran teatro de mi vida

Y de tanto en tanto, cuando te veo, pongo en marcha la obra de teatro en la que llevo actuando desde que dimitiste de mi vida. Y cuando empieza la función, te recibo con los ojos cerrados, el alma rota y la boca abierta para hablarte como si nada hubiese pasado, como si no te llorase todas las noches, como si me diese igual que hayas cambiado de almohada de la noche a la mañana. Y luego entran los personajes secundarios para decir todo lo que mis labios no pueden pronunciar cuando te tienen cerca. Y son ellos los que te preguntan qué tal, porque yo aún no estoy preparada para ver el brillo que te aparece en la mirada cada vez que nos cuentas lo bien que te sienta mi ausencia. 

Y por las noches, cuando no me ves, preparo los ensayos para el día siguiente. 
Y recorto todos nuestros recuerdos en forma de corazón porque, igual así, consigo acordarme solo de lo bueno que me diste.
Y aprendo a quererte más despacio y menos fuerte porque, igual así, me dejas de doler.
Y guardo en el cajón de mi mesilla de noche todo aquello por lo que me muerdo la lengua cada vez que te veo con ella porque, igual así, se me olvida que no quieres ni hablarme de ti. 
Y echo de menos todo lo que no tuvimos y queríamos tener porque, igual así, solo me culpo a mí de lo que no pasó.

Y cuando se cierra el telón, me despido de ti, de mí y de vosotros hasta la próxima función.