Hoy te escribo porque ya es hora de decir adiós.
He estado pensando en nosotros. He recordado los buenos momentos, los besos,
las caricias, los abrazos, las llamadas que sí me cogiste, las noches juntos.
Me he querido acordar también de cómo empezó todo, del momento en el que casi
susurrando reconociste que igual cabía la posibilidad de que hubiera algo entre
nosotros que no fuera simplemente amistad. He estado pensando en las vergüenzas
del principio y en las risas en todo momento.
Y luego he llorado un poco.
Aunque todos mis recuerdos están manchados de desconfianza y miedo, me
hiciste feliz. Y a mi pesar probablemente me lo sigas haciendo. Nunca te he creído,
nunca te he querido creer, nunca he apostado por ti. Y a pesar de todo ello,
aquí estamos. Con broncas, con idas y venidas, con indiferencia y con muchas
mentiras, hasta aquí hemos llegado. Yo no me lo creo ni me lo quiero creer ni apuesto
por ti y ni mucho menos por nosotros. No tiene sentido. Algo que está tan
sumamente podrido, ensuciado, roto, perdido y desorientado no puede ser ni
bueno ni profundo ni puro ni de verdad.
Yo no me quiero. Y todas las veces que más te he necesitado han coincidido
con aquellas que menos me he querido. Tú no eras la causa, tú eras la
consecuencia. Quería querer y estabas tú, porque tú siempre has estado, aunque
fuera bloqueado. Pero, por encima de todas las cosas, quería sentirme querida y
estabas tú, aunque fuera en la cama con otra, aunque fuera detrás de una
pantalla. Estabas tú y recurría a ti. Y tú más de lo mismo.
No sé si te quiero y no sé si me quieres. Lo que sé es que esta chapuza arreglada
con celo del malo tiene que pasar por el taller porque los dos nos lo
merecemos. Yo me merezco aprender a estar sola, aprender a convivir conmigo
misma, aprender a disfrutar de lo que ahora mismo tengo. Tú te mereces aprender
a convivir con los demás, aprender a confiar en ti mismo y en los que te
rodean, aprender a arriesgar. Lo siento muchísimo, pero creo que ninguno de los
dos va a encontrar su camino si seguimos colocando piedras absurdas en un
sendero que creemos compartido pero que ni de lejos lo es.
Voy a llorar muchísimo y a acordarme de todo lo bueno que hemos creado
juntos. Voy a querer llamarte, escribirte y lucharte. Voy a confundir la
realidad mil veces y lo que de verdad creo otras mil. Voy a cambiar de opinión
y voy a volverme loca, como las otras 2011 veces que te he dicho “hasta aquí”. Espero,
sin embargo, que esta vez, firmada y publicada la sentencia, me cueste menos
llevarlo a cabo.
Tenemos que luchar por nosotros mismos si queremos tener fuerza suficiente el
día de mañana para luchar por los dos. Te espero al otro lado para contarte lo
bien que estoy dispuesta a estar.
Con dolor y muchísimo amor,
Beatriz .