sábado, 3 de noviembre de 2018

orgullo

Si me hubieras escuchado más, igual ahora lo entenderías.
Si le hubieras puesto más ganas… no sé, igual yo también.
Igual podríamos hasta dar marcha atrás en el tiempo para hacerlo todo un poco mejor. Pero eso, eso es lo que se dice siempre después de la tormenta, justo antes de que llegue la calma. Eso es lo que se piensa cuando te rompen o rompes el corazón de alguien.
 Igual si no hubiese…
Igual si hubiese…
 Pero no son más que simples conjeturas, teorías, frases condicionales. No es más que un último esfuerzo para no perder del todo la esperanza, porque igual, si no hubiésemos sido así, esto hubiera salido bien. No, no es porque no estemos hechos el uno para el otro ni porque ya no te quiera. Y ni mucho menos es porque tú ya no me quieras. Solo ha sido una mala jugada, un mal partido. Es porque lo hemos hecho mal, un fallo y nada más.
Sí.
Un fallo.
Un fallo detrás de otro.
Un fallo sin solución.

Y así todos los días. Y así en bucle, sin parar. Sin dejar de preguntarme qué hubiera pasado si yo hubiera confiado en ti, si tú no hubieras sido un egoísta de mierda que se encapricha cada dos por tres. Pero nunca lo sabremos, ¿no? Tú has tomado tu decisión y yo la mía. Y hasta el final con ella. No importa lo que nos llevemos por delante, no importan las dudas que se queden en el tintero, no importan las ganas, no importa nada. No importas tú. No importo yo.

Hasta el puto final sin ti.