miércoles, 26 de abril de 2017

notevayas

No te vayas, por favor. No te vayas, te lo suplico. Quédate aquí, conmigo. Si todavía no es la hora de marcharse, si aún no tienes por qué irte, quédate. Un ratito más, por favor. Nos lo estábamos pasando de maravilla hasta que decidiste mirar el reloj. Y ahora ya andamos con prisas. No hay necesidad de que hagamos todo corriendo, nadie te está esperando. Nadie nos está esperando. Nos podemos quedar aquí un ratito más. Un día más. Un año más. O una vida más.

No te vayas, por favor. 
Sé que cuando te vayas, ya no habrá marcha atrás. Sé que ya no me querrás, que me olvidarás. Sé que lo pasaré mal, pero que yo también te olvidaré. Pero, por el momento, no hay por qué irse, no hay por qué olvidar. Si no paras de sonreír, si no hago más que escuchar tu risa, si no puedes dejar de quererme y yo no puedo dejar de dejarme querer, por qué nos vamos a ir ahora. Nos lo estamos pasando de maravilla incluso mirando el reloj. Pero no te vayas, te lo suplico, quédate un ratito más.

No te vayas, por favor.
No paras de repetirme que te pida volver una vez que hayas partido, que volverás. Pero es que sé que es más fácil conseguir que te quedes ahora que hacerte regresar más tarde. Porque ahora sabes lo que se siente cuando se está enamorado, porque ahora tiemblas al verme, porque ahora no puedes dejar de besarme. Pero cuando te vayas, sé que no volverás más. Porque el tiempo te hará olvidarte de mi sonrisa, porque la distancia no te dejará recordar mi voz, porque tu piel conocerá otras pieles distintas. Y lo distinto siempre es mejor.
Y ya no podré demostrarte lo feliz que te hago. Y ya no podré hacerte feliz nunca más.


Así que, por favor, no te vayas. Te lo suplico. 
Quédate un ratito más.
 Aquí. 
Conmigo. 

domingo, 8 de enero de 2017

Para los que siguen creyendo

Hay que vivir la vida, dicen. Hay que dejarse llevar, arriesgar para ganar, perder para aprender. Y la cosa no va mal, por ahora. Aunque a veces duela, aunque a veces no nos salga del todo bien, sobrevivimos sin problema. Seguimos adelante. Porque tenemos algo que se mueve con nosotros vayamos donde vayamos. Y es que contamos con el mejor equipo de suporte técnico y práctico de la historia: nuestros amigos. No importa la distancia, no importa el problema, la movida, el rollo que nos hayan contado que nos ha acabado rayando la cabeza. Están ahí. Y les cuentas y te escuchan, y te cuentan y les escuchas. Y qué ilusión que a pesar de la distancia, siga todo exactamente igual. Y qué guay verles felices y cómo mola que, a pesar de que te hayan hecho daño, hayas conseguido volver a estar bien para poder disfrutar de todo a tope. Porque aquí estamos para eso, porque si no es ahora, ¿cuándo? Y si no es contigo mismo bien, ¿con quién y para qué? No te pares, no respires. Cierra los ojos, muévete y vive. Que tienes al mundo a tus pies. Que este es el momento. 

Para los que han dejado de creer

Hay que vivir la vida, dicen. Hay que dejarse llevar, arriesgarse para ganar, perder para aprender. Sin embargo, estamos en un momento de nuestras vidas en el que estamos tan rotos por dentro que no importa tener miedo. No importa no arriesgar, no importa no aprender, no conocer; no importa pararnos a mitad de camino. Intentemos evitar cualquier maremoto, cualquier noticia que anuncie tormenta. Esquivémoslas lo mejor que podamos. Quieto, para, respira. La vida es maravillosa ahora mismo. Mira a tu alrededor, ¿hay problemas? No. Y aunque al final de esa calle parezca haber una farola encendida, música de fiesta o un ramo de flores, quédate quieto. No respires. Que no noten tu presencia. Vuélvete invisible, date la vuelta, corre, huye. Ve a un lugar seguro, refúgiate de todo aquello que tenga el mínimo riesgo de caer. Porque como por alguna casualidad se derrumbe, te va a golpear a ti de lleno. Y te va a dar directamente en el corazón.  Y ya no tienes más vidas, las has gastado todas. Porque,como por alguna casualidad la tormenta no amaine, olvídate de seguir viviendo, de seguir sintiendo.  Olvídate de recuperar la esperanza. Olvídate de volver a confiar, de volver a querer y, sobre todo, olvídate de volver a quererte. Quieto, para, respira. No te muevas. Es la única manera que tienes para seguir con vida. Es tu última oportunidad. Ni un paso adelante más. Ni un paso atrás. Porque como retrocedas, te caes al precipicio que han escavado para ti durante todo este tiempo. Quédate quieto. No respires. Es tu última oportunidad.