domingo, 17 de mayo de 2015

(fc)



Los días siguen pasando.

Y parece que pasar, sigue sin pasar nada.

Y yo, aquí sigo. 
Sin pasar.

Ya no hay nada. Nada de nada. O eso creo, al menos. Nada de lo que poder hablar, nada que poder decir de nosotros. Porque es que, ya no hay un nosotros. Ni siquiera un hipotético nosotros, ni pretéritos ni caducados. Ya no hay nada.

Eso es bueno, supongo. Supongo que es bueno para ti, que ya estoy totalmente borrada de tu vida, que ponga esas palabras en mi boca. “Ya no hay nada” Porque cuando el corazón roto habla para dar el punto final, la historia está ya olvidada. Y esto, puede ocurrir por dos razones. Una, que el corazón haya sido capaz de reconstruirse sin problema y por fin, vuelva a sonreír. La segunda, la más improbable, la que nunca ocurre, que el corazón haya desistido de luchar, haya decidido dejar de negar lo evidente. Porque no podía más, porque se le hacía imposible seguir sin ti, porque ya sabía que te habías ido y no podía. No podía. No. No podía.

El corazón, en este caso, ha muerto.

Ha pasado a otras manos. Ha pasado a ser uno de esos recuerdos que teníamos y que ahora están perdidos, desaparecidos.  Ha pasado, supongo y espero, a mejor vida. Sin ti pero también sin mí.  Y a ver qué hago yo ahora.

Distancia… distancia es eso que hay entre tú y yo, que nos vemos todos los días.


P.D. Si quieres que te pida perdón, te lo pido sin problema.  Pero ya debe ir mal el mundo, si se tiene que pedir perdón por querer. 

miércoles, 6 de mayo de 2015

Qué guapa era.

Me miraba aun con los ojos cerrados. Era increíble. Dormida, a mi lado, me agarraba la mano como si temiese que me escapase a escondidas, aprovechando que no me veía. Pero cómo iba a ser capaz de irme de aquel lugar. Con lo bien que se estaba.

La volví a mirar. “Joder, cómo cojones se puede ser tan guapa” Su cabello rizado, despeinado y largo, tocaba el fin de su espalda, invitándote a seguir jugando con aquel cuerpo débil. Y su rostro, ya, ni os cuento. Parecía que te suplicaba, que te obligaba a tocarlo, a acariciarlo despacio, con cuidado, como si se fuese a romper. En la barbilla, en las mejillas, aparecían unos hoyuelos que lo hacían ser más hermoso si cabía. Y, cada vez que te permitía el lujo de verlo sonreír, aquello se convertía en una locura. Qué bonito parecía todo, hasta lo malo.

La volví a mirar. “Qué rabia no poder quererla, con lo feliz que seríamos” Me hubiese encantado haberla querido más tiempo, haberla cuidado como se merecía, no haberla cagado como lo hice. Pero no la quería. No la quería y ella, ella lo sabía. Pero me amaba tanto, que con tenerme a su lado un par de noches, se conformaba. La verdad, era un juego peligroso. Para los dos. Ella no sería capaz de olvidarme nunca y yo, yo empezaría a considerarle un ser sin sentimientos, tratándola como a otras tantas. Y ella no era otra, ni era tantas. Ella era ella. Y lo había sido siempre. Y no quería que se convirtiese en algo vulgar. Algo de cariño siempre tendría que quedar, algo de respeto, de educación,¿no? Lo mismo pensaba la ultima vez, la última vez que me pregunté si la quería, si iba a ser capaz de guardar un poco de amor pasase lo que pasase. Un mínimo. Algo que le hiciese las cosas más fáciles, para no sufrir, para pasarlo, dentro de lo que cabía, bien.
Pero no fui capaz,no sé cómo lo hice. Pero es que, ni buscando en los lugares donde solo ella había conseguido ser capaz de llevarme, lo encontré. Nada. Ni cariño.

Nada.

Ni siquiera recuerdos.