Estamos en la
edad de descubrir quiénes somos. Dicen que las pocas veces en las que
conseguimos pensar alto y claro hay que malgastarlas en definirnos, en saber
cómo somos exactamente y por qué hemos acabado mirando el mundo desde este
punto de vista tan enrevesado. Pero no creo que nadie haya sido capaz nunca de
saber cómo es con precisión. Somos lo que las circunstancias nos llevan a ser, somos
un constante cambio y no una definición concisa y clara de diccionario.
Somos todos los momentos que
hemos vivido con nuestros amigos una noche de verano y un café de invierno.
Somos todos los momentos a solas con nosotros mismos y la música más triste de
nuestra lista de reproducción sonando a todo volumen. Somos los libros que
leemos, los que nos quedan por leer y los que dejamos aparcados en la estantería.
Somos toda la ropa, todos los zapatos y todos los trapos que utilizamos hasta
que nos dejan de sentar bien. Somos todas las veces en las que nos hemos mirado
al espejo y nos hemos visto feos y nos hemos arreglado, y todas las veces que
nos hemos visto guapos y nos hemos fotografiado. Somos lo que nuestra madre nos
besa, nuestro hermano nos molesta y nuestro padre nos sonríe.
Pero sobre todo, somos lo que
somos por arriesgarnos cada segundo de cada día a vivir. Somos lo que decidimos
superar cuando nos hacen daño. Somos pasar página, somos olvidar. Somos lo que lloramos cuando nos rompen el
corazón, lo que destruimos cuando nos engañan, lo que sufrimos cuando nos dejan
de querer. Somos todas las veces que decidimos enamorarnos. Somos todas las
veces que nos enamoramos sin decidirlo. Somos lo que luchamos por los nuestros,
lo que cortamos de raíz, lo que sentimos y dejamos de sentir. Somos lo que nos
quieren y lo que queremos. Somos lo que nos echan de menos, lo que echamos y
perdemos. Somos todas esas veces que dijimos que no y, sobre todo, somos todas esas veces que decidimos decir
que sí, que por qué no. Somos todo lo que hemos hecho mal y han hecho mal
con nosotros. Somos los suspiros, las sonrisas, los te quieros y los besos que
nos han hecho ser más nosotros mismos que nunca. Somos los abrazos, los “me
gustas”, las indirectas y las directas, las miradas, la primera vez de muchas
veces. Somos la desconfianza, somos la confianza, somos lo que creemos y lo que
nos hacen creer. Somos todas las personas que queremos, las que dejamos de
querer y las que amamos en secreto. Somos lo que nos han ayudado a ser, lo que
nos han empujado a saltar y de lo que nos han rescatado.
Y, sobre todo, somos lo
que somos por haber perdido y haber sido capaces de levantarnos y por ello, estar
ganando con cada experiencia de nuestra vida.
SING LIKE NO ONE IS LISTENING, LOVE LIKE YOU HAVE NEVER BEEN HURT, DANCE LIKE NOBODY IS WATCHING AND LIVE LIKE IT IS HEAVEN ON EARTH