lunes, 30 de marzo de 2015

Al final, todo saldrá bien.

Y es que, por mucho que lo intentemos, la energía negativa y las malas noticias siempre vuelven a nosotros.
Y es que, por desgracia, no manejamos los hilos de esta vida.
Sin embargo, lo que sí que podemos hacer es cambiar el punto de vista y ver el lado bueno de las cosas cuando están en sus peores momentos.
Y es que no podemos evitar que, de vez en cuando, los miedos ganen la batalla. Porque, por muy fuertes que intentemos ser, todas esas lágrimas reprimidas acaban por pasarnos factura. Porque los monstruos existen y no desaparecen al cerrar los ojos. Porque la autoestima nunca ha estado en lo alto de la montaña permanentemente. Porque la gente, a veces, falla y es fallada. Porque cuando tocamos fondo, nos damos cuenta que la única salida es subir los peldaños de la escalera, poco a poco, con cuidado y sin prisa. Porque en el último escalón está esa persona que un día nos prometimos ser. Porque no hay que tener miedo al miedo. Porque hay días que hay que mentirse y creerse que todo va a salir bien.
Y es que al final, saldrá bien.
Y es que, al final, en lo único que podemos creer con toda certeza es en las personas que nos acompañan en las subidas y en las bajadas, en los salvavidas y en todas aquellas cosas que, por muy al revés que estén nuestras cabezas, nunca cambian.



martes, 24 de marzo de 2015

La burbuja que nunca explotó

Hay preguntas sin respuesta. Hay alternativas prohibidas. Hay bombas que no explotan y alas que no dejan volar. Hay días que sí y días que no. Hay gente sin corazón que vive y muertos que sin él, siguen por aquí. Hay cosas malas y cosas buenas. Hay amor y odio. Hay vasos medio llenos que el mundo se empeña en ver medio vacíos. Hay mentes privilegiadas y tontos entrenados.
 Hay de todo en todas partes.


Y aquí, en mi parte, lo que hay es ausencia.
Ausencia de novedad, de diversidad y de originalidad. Ausencia de compañía. Ausencia de felicidad desmesurada, de alegría exagerada, de solidaridad, de comprensión y de complicidad.
Ausencia de finales felices, de dudas resueltas, de sentencias declaradas, de te quieros tardíos y de disculpas.
Ausencia de personas.
Ausencia de madurez, de coherencia, de ayuda y de nuevos libros. Ausencia de nuevas historias que contar, de ropa sin estrenar y de capítulos sin emitir.
Ausencia de ti.
Ausencia de nosotros.

Y tanta ausencia es imposible rellenar sin un poquito de amor y cosas bonitas. Cosas que te hagan olvidar tanta ausencia. Cosas que te distraigan y te hagan ver que la vida es maravillosa. Cosas que te demuestren que nunca es suficiente, que los vacíos siempre existen y que se puede vivir con ellos.
Cosas que yo (gracias al cielo) tengo. Que me ayudan a ver que lo que tengo es suficiente para ser feliz, que el amor es lo único que nunca sobra y que los errores son las piedras de cada camino y, las ausencias, también.





cosas que me hagan olvidar que hay una burbuja por ahí , vagando, que un día va a explotar y va a dejar más supervivientes que muertos
y a ver cómo vivimos después de ello, con todo lo que destruyen las bombas y todo el dolor que causan

sábado, 21 de marzo de 2015

qué vivan los reencuentros

Todos queremos un final feliz para nuestras historias pero.. ¿quién ha dicho que nos tengamos que conformar con un final?

Cada parte de nosotros corresponde a un momento concreto de nuestra vida, a un momento exacto en el que algo nació de la nada para hacernos un poquito más mayores, para ayudarnos a ser lo que somos ahora. Sin esa experiencia, seríamos diferentes. Seríamos más tímidos o más guerreros, más cobardes o más valientes, más felices o más sensibles. En definitiva, seríamos más otros y menos nosotros.
 Así que viva.

Vivan todas las personas que un día decidieron pasarse por tu vida porque "vieron algo en ti". Vivan los jefes de estudio que, sin saberlo, juntaron en una misma clase a hermanos y a naranjas enteras. Vivan los equipos, los grupos, las familias que nos inventamos. Y, sobretodo, vivan todos los momentos de tu vida.

 Qué vivan los corazones rotos, las disculpas aplazadas, los "yo te quería", los arrepentimientos y las culpas. Qué viva todo aquello que demuestra que , detrás de tanto acero, siempre hay un corazón bueno. Qué vivan las buenas personas, las tontas y las inocentes. Qué vivan los idiotas que nos hacen reír y los que no, también. Qué vivan los feos y los guapos y todo lo que nos haga darnos cuenta de que las imperfecciones son lo mejor que tenemos. Qué vivan los amaneceres con café y las noches en vela. Qué vivan los libros, el cine, el teatro, la música y el ruido que tus amigos provocan al hablar de fondo. Qué viva la película de tu vida y qué vivas tú que eres el protagonista. Qué vivan las risas, las lágrimas, las despedidas y la gente que dice adiós todos los días. Qué viva esa gente que siempre hace que volvamos a ella, que engancha, que cuesta olvidar. Qué vivan los que se fueron, que te demostraron que nadie es necesario y que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Qué viva todo lo que viene despacio y sin prisa y que acaba por ser lo mejor de tu vida. Qué vivan los reencuentros, las victorias, los bailes, las cartas inesperadas, las miradas que hablan y la gente que callando, lo dice todo.

Qué viva todo lo que nos haga recordar el punto de partida. Para reflexionar, para analizar lo que pasó y por qué pasó. Para hacernos reír y temblar a la vez. Para hacernos preguntarnos si esto es mejor o peor porque igual, una segunda oportunidad no está mal. Porque nunca es tarde para volver a lo que se quiere, porque si tan feliz fuiste, por qué no ibas a recuperarlo.