Hoy te escribo a ti porque
dueles menos sobre papel.
La última vez que estuviste por aquí quise confesarte, sin éxito, que
estaba preparada para cualquier aventura contigo. Que había recuperado todos
los trozos rotos perdidos que quedaban de mí. Que, aunque los hubiese pegado
con celo del malo, la chapuza había salido bien. Y no sé por qué aquella vez
fue diferente a las demás, pero quería que te quedaras de verdad.
Y no sé qué pasó que no te quedaste.
No te quedaste porque no quisiste, porque no te apetecía, porque había
cosas más interesantes y entretenidas que hacer. Porque no me cogiste el
teléfono, porque no me diste ninguna oportunidad, porque nunca me diste nada.
Porque solo me mentías. Porque nunca estabas ahí. Porque siempre había peros
y excusas. Porque yo nunca era suficiente. Porque yo nunca valía la
pena. Porque solo venías por las noches, cuando yo dormía y no hablaba, cuando
solo besaba. Porque nunca te quedabas el suficiente tiempo como para llegar a
quererme. Luego, como siempre, con prisas y descaro, volvías a llamar a la
puerta.
Y no sé qué pasó aquella vez que no te abrí.
Bueno, en realidad, sí que lo sé. Por eso no te contesto, porque no quiero
contarte la verdad. Sin embargo, creo que ya es hora de que sepas por qué no te
abrí la puerta la última vez que viniste. El celo del malo no duraba tanto como
pensaba y cuando te despediste un poco más tarde, con prisas y marchándote por
la puerta de atrás, los trozos rotos se cayeron al suelo y se rompieron en mil
pedazos más. Ni siquiera conseguí barrerlos todos porque no fui capaz de encontrarlos.
Por eso te escribo. Me estoy volviendo loca a buscarlos y no puedo
encontrar ninguno. Y los necesito. Los necesito porque tengo que arreglarme
otra vez. Y sin ellos no voy a poder reparar esto. Así que vuelve para
ayudarme. No hace falta ni que nos miremos ni que nos hablemos ni que nos
queramos. No hace falta ni que te quedes a dormir. Ayúdame porque no quiero
quedarme rota para siempre. Me ayudas y te marchas otra vez. Y así evitas que
me rompa de nuevo. Y así lo dejas de estar. Y así me dejas estar.
P.D.: Trae guantes y mascarilla. Todos los cristales rotos que hay cortan profundo,
hasta el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario