miércoles, 26 de febrero de 2020

A ti, que sigues sin quererme.



Hoy te escribo a ti porque dueles menos sobre papel.
La última vez que estuviste por aquí quise confesarte, sin éxito, que estaba preparada para cualquier aventura contigo. Que había recuperado todos los trozos rotos perdidos que quedaban de mí. Que, aunque los hubiese pegado con celo del malo, la chapuza había salido bien. Y no sé por qué aquella vez fue diferente a las demás, pero quería que te quedaras de verdad.
Y no sé qué pasó que no te quedaste.
No te quedaste porque no quisiste, porque no te apetecía, porque había cosas más interesantes y entretenidas que hacer. Porque no me cogiste el teléfono, porque no me diste ninguna oportunidad, porque nunca me diste nada. Porque solo me mentías. Porque nunca estabas ahí. Porque siempre había peros y excusas. Porque yo nunca era suficiente. Porque yo nunca valía la pena. Porque solo venías por las noches, cuando yo dormía y no hablaba, cuando solo besaba. Porque nunca te quedabas el suficiente tiempo como para llegar a quererme. Luego, como siempre, con prisas y descaro, volvías a llamar a la puerta.
Y no sé qué pasó aquella vez que no te abrí.
Bueno, en realidad, sí que lo sé. Por eso no te contesto, porque no quiero contarte la verdad. Sin embargo, creo que ya es hora de que sepas por qué no te abrí la puerta la última vez que viniste. El celo del malo no duraba tanto como pensaba y cuando te despediste un poco más tarde, con prisas y marchándote por la puerta de atrás, los trozos rotos se cayeron al suelo y se rompieron en mil pedazos más. Ni siquiera conseguí barrerlos todos porque no fui capaz de encontrarlos.
Por eso te escribo. Me estoy volviendo loca a buscarlos y no puedo encontrar ninguno. Y los necesito. Los necesito porque tengo que arreglarme otra vez. Y sin ellos no voy a poder reparar esto. Así que vuelve para ayudarme. No hace falta ni que nos miremos ni que nos hablemos ni que nos queramos. No hace falta ni que te quedes a dormir. Ayúdame porque no quiero quedarme rota para siempre. Me ayudas y te marchas otra vez. Y así evitas que me rompa de nuevo. Y así lo dejas de estar. Y así me dejas estar.

P.D.: Trae guantes y mascarilla. Todos los cristales rotos que hay cortan profundo, hasta el corazón.

No hay comentarios: