sábado, 22 de febrero de 2020

I'm too difficult to understand and you're too busy to try


En qué momento me he acabado por romper entera. Por más que miro atrás, no consigo localizar el punto de no retorno. ¿Me perdí a los 16, a los 18 o el día en el que me di cuenta de que la vida no es más que una sucesión de constantes malas noticias? No lo sé.  Todo esfuerzo es en vano. No puedo volver al pasado, por lo que supongo que qué mas da. Para qué intentar entender por qué ahora lloro cada vez que veo mi rostro en el espejo. Será que me duele verme tan cambiada, tan fría, tan sola, tan poco yo. De culpables no entiendo, pero si alguien de entre todos los presentes tiene que levantar la mano y entonar el mea culpa debo ser yo. ¿Por confiar? ¿Por no confiar? No lo sé. No terminamos sin motivo alguno en malas situaciones, sino que tomamos malas decisiones. No es mala suerte, es mala estrategia. No es el karma, es torpeza.

Después de todo este tiempo, de lo único de lo que puedo estar segura es de que en esta vida estamos solas. Y no me importa la mierda que contéis del amor ni de la familia ni de la amistad. Porque hasta la fecha todas las victorias las he celebrado frente a un cuaderno y todas las derrotas las he guardado en mi memoria. Y he tenido espectadores en todas ellas y nadie como yo las recuerda. Por eso ahora me pregunto en qué momento empecé a vivir sola. Supongo que fue en el momento en el que empecé a vivir con miedo. Porque cuanto más se te acercan, más duele que se alejen.

En qué momento dejé de contar historias, dejé de preguntar, dejé de pedir opinión. En qué momento dejé de escribir. En el momento en el que descubrí que no merecía la pena. El dolor me duele demasiado como para volver a invitarle a pasar.

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