viernes, 30 de enero de 2015
PARA MI HERMANO MAYOR
Llevo mucho tiempo escribiéndole a una persona concreta, a una persona que se marchó y a la que añoro día tas día. Y creo que ha quedado demostrado lo que sufrí por ella durante casi dos años. Y no me morí de casualidad, no me morí de la pena porque tenía al lado a mi hermano mayor, a mi alma gemela que no se separó de mi ni un minuto. Suelo decir moñadas todos los días de mi vida pero a él, pocas veces le he dedicado una entrada o una carta sorpresa, solo por motivos especiales como el de hoy: su cumpleaños.
Podría haceros una descripción casi exacta de él pero, para qué, si lo bonito está en discutir un millón de veces hasta pensar "qué bien me cae este chaval" Al menos, así fue como yo me empecé a llevar bien con él, discutiendo día tras día. Y al final, se nos acabaron las ganas y los motivos por los que enfadarnos (porque ya los usamos todos) y nos empezamos a querer de verdad. Pero de verdad, como dos hermanos. Somos dos polos opuestos que, después de tanto tiempo juntos, han acabado por intercambiarse las cualidades y seguramente, él se esté convirtiendo en mí y yo, en él. No voy a negar que a veces es demasiado borde, directo e inmaduro y que a veces, me pone demasiado nerviosa, tanto que me dan ganas de alejarme mil metros pero es que, al final, siempre acabo volviendo. Ya madurará, ya le quitaré yo los borderíos y ya vivirá más en los mundos de Yupi, cosa que conmigo es bastante fácil.
Ojalá acabe viviendo con él, ojalá. De hecho, me lo puedo imaginar perfectamente. Yo dormiría y comería y poco más y él haría todas las tareas de la casa, jugaría a la play, vería a su maravilloso Atletico y comería aún más que yo. Cuando me rompiesen el corazón, me desordenasen la cabeza o me quitasen mi sonrisa, él estaría ahí, al lado de mi cama, contándome todos los cuentos del mundo necesarios para que se me pasase y, cuando él estuviera enfadado por el maldito fútbol, yo le compraría una pizza y así, todos contentos. (Qué fácil es hacer feliz a un hombre, por dios.)
No sé qué narices voy a hacer sin él el próximo año, es que lloro de pensarlo. Si es lo que tengo en esta vida para sobrevivir, si él es el único que ha acabado aguantándome, si él tuvo que comerse las broncas, las lágrimas y los arrebatos que no pude echar en cara al otro, si él tuvo que actuar muchas veces como ese otro y si él es mi día a día, cómo narices voy a hacerlo.
Me da igual, por ahora voy a seguir pasándomelo de ... madre con él, que todavía nos quedan muchísimos momentos y muchísimas batallas que luchar juntos.
Que no me faltes nunca,
te quiero.
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