domingo, 22 de febrero de 2015

1.0

Creo que va siendo hora de rendir homenaje a la amistad porque tanta palabra, al final, acabará por desgastar ese amor al que tanto admiro.

Por desgracia o no, el concepto “amistad” nunca ha estado definido para mí. A veces, lo he atribuido a confianza, a complicidad, a telepatías repentinas, a sonrisas desnudas; otras, a buenos ratos, a carcajadas, a botellas compartidas, a canciones, a alegrías momentáneas. Pero, al fin y al cabo, el término “amistad” engloba todo ello. Sin embargo, lo diferente, lo complejo de explicar, es el modo que tenemos de sentirla con cada persona y es eso, lo que hace de la amistad algo extraordinario y misterioso.
A mí ,personalmente, me ha costado muchísimo tener una idea de qué era la amistad de verdad, y de mentira, también. Y, después de mucho pensar, me he dado cuento de que han sido personas y no ninguna teoría ni paranoia, lo que me ha demostrado qué era. Y por ello, hoy he vuelto para hablaros de alguien especial.


Hay mundos interiores que son increíbles, que tienen cada sentimiento en su sitio, dando lo mejor de él,sin alborotar y sin dañar, con cada locura bien definida, haciendo el ruido necesario y desordenando lo suficiente. Digamos que son mundos perfectos, mundo que en nuestros tiempos, poca gente es capaz de valorar y crear. Digamos que son los mundos que proporcionan felicidad. Sí, felicidad. Y además, de la de verdad.
Yo, como transeúnte de este calle a la que llaman vida, he tenido la gran suerte de poder conocer uno de ellos, el de mi amiga Cristina.
No puedo describirla porque si digo que es única y especial, es porque lo es. No me voy a inventar cualidades para alguien como ella, no las necesita. Cristina es una especie de metáfora, un pequeño gran mundo, una respuesta a un problema que nunca ha sido planteado, una lluvia que no necesita paraguas, la cara alegre los lunes por la mañana y el café antes de una siesta. Ella dice que es simple, que lo es, pero cuando va más allá, lo hace a lo grande. Incluso a mí me ha llegado a entender. Incluso sin haber experimentado el amor, puede describirlo a la perfección. Incluso habiendo conocido un millón de mundos, ha elegido quedarse en el mío. Incluso pensando en negativo, ella se queda con lo bueno.
Porque, al fin y al cabo, son las cosas buenas y bonitas las que hacen a las personas buenas y bonitas. Porque, en definitiva, es la amistad y el amor lo que acaba uniendo los mundos perfectos y no tan perfectos como los nuestros.

Te quiero.

Y si digo te quiero, es porque te quiero de verdad.


No hay comentarios: