Creo que va siendo
hora de rendir homenaje a la amistad porque tanta palabra, al final,
acabará por desgastar ese amor al que tanto admiro.
Por desgracia o no,
el concepto “amistad” nunca ha estado definido para mí. A
veces, lo he atribuido a confianza, a complicidad, a telepatías
repentinas, a sonrisas desnudas; otras, a buenos ratos, a carcajadas,
a botellas compartidas, a canciones, a alegrías momentáneas. Pero,
al fin y al cabo, el término “amistad” engloba todo ello. Sin
embargo, lo diferente, lo complejo de explicar, es el modo que
tenemos de sentirla con cada persona y es eso, lo que hace de la
amistad algo extraordinario y misterioso.
A mí
,personalmente, me ha costado muchísimo tener una idea de qué era
la amistad de verdad, y de mentira, también. Y, después de mucho
pensar, me he dado cuento de que han sido personas y no ninguna
teoría ni paranoia, lo que me ha demostrado qué era. Y por ello,
hoy he vuelto para hablaros de alguien especial.
Hay mundos
interiores que son increíbles, que tienen cada sentimiento en su
sitio, dando lo mejor de él,sin alborotar y sin dañar, con cada
locura bien definida, haciendo el ruido necesario y desordenando lo
suficiente. Digamos que son mundos perfectos, mundo que en nuestros
tiempos, poca gente es capaz de valorar y crear. Digamos que son los
mundos que proporcionan felicidad. Sí, felicidad. Y además, de la
de verdad.
Yo, como transeúnte
de este calle a la que llaman vida, he tenido la gran suerte de poder
conocer uno de ellos, el de mi amiga Cristina.
No puedo describirla
porque si digo que es única y especial, es porque lo es. No me voy a
inventar cualidades para alguien como ella, no las necesita. Cristina
es una especie de metáfora, un pequeño gran mundo, una respuesta a
un problema que nunca ha sido planteado, una lluvia que no necesita
paraguas, la cara alegre los lunes por la mañana y el café antes de
una siesta. Ella dice que es simple, que lo es, pero cuando va más
allá, lo hace a lo grande. Incluso a mí me ha llegado a entender.
Incluso sin haber experimentado el amor, puede describirlo a la
perfección. Incluso habiendo conocido un millón de mundos, ha
elegido quedarse en el mío. Incluso pensando en negativo, ella se
queda con lo bueno.
Porque, al fin y al
cabo, son las cosas buenas y bonitas las que hacen a las personas
buenas y bonitas. Porque, en definitiva, es la amistad y el amor lo
que acaba uniendo los mundos perfectos y no tan perfectos como los
nuestros.
Te quiero.
Y si digo te quiero,
es porque te quiero de verdad.
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