domingo, 22 de diciembre de 2013

¿Y lo bonito que es cuando nos encontramos bien?

¿Y cuando me levanto contenta? ¿y cuando me siento afortunada? En todos esos momentos, ¿quién tiene la capacidad de arruinarme el día? ¿quién? Nadie. Porque cuando estamos bien, es cuando podemos con todo. Y son esos días los que me hacen fuerte. El saber que he podido sonreír sin necesidad de que me pase nada extraordinario, el hecho de querer comerme el mundo sin que nadie tenga que animarme es lo que me hace estar segura de que puedo. Puedo ser feliz. Puedo hacer feliz a los demás y es lo que tengo que hacer. Tengo que transmitir mi positividad como pueda y como sepa para que, cuando lleguen esos días negros, puedan tener la certeza de que las nubes sí que se van y que el sol regresa.
Y lo que quiero, queridas princesas, es que os apoyéis en esto. Tened fe de que las cosas son bonitas, de que los sueños se pueden alcanzar, de que el amor existe, de que somos nosotras las dueñas de nuestros destinos y nadie más. ¿Qué ganamos llorando? ¿Qué ganamos perdiendo? Lo mismo que ganan aquellos que basan su felicidad en un hecho, en una persona: nada. Porque como he dicho un millón de veces, las cosas cambian y, muchas veces, desaparecen. Desaparece lo bueno y lo malo. Pero nosotros, de momento, no desaparecemos. Por lo que... ¿por qué no basar nuestras sonrisas en algo que sabemos cien por cien que nunca se va a ir? Como las amigas,como la familia, como lo grande que somos.
Como el saber que, pase lo que pase, os prometo que siempre estaré aquí.


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