El suspiro del cielo rozó su espalda. Notó un escalofrío caliente y suave. Le sintió, estaba allí, con ella pero, no le veía. La luna bajó dos escalones más desde su habitación. Había oído ruidos.Estaba llorando. Quiso bajar y abrazarla, pero, no pudo. Era la luna y, ella, no hacía eso. Tan solo se limitaba a dormir o a jugar en la inmensidad del oscuro universo.
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