Sentada en la cama pensaba en él. Tenía los ojos un poco rojos, las manos apoyadas en las rodillas y un libro de naturales, medio abierto , le acompañaba en su soledad. No podía estudiar. Ni siquiera leer su libro favorito, Con la fuerza de su interior. Estuvo pensando en aquella tarde, en aquel día, en aquella semana. Se conocieron, no había pasado ni una semana cuando le contó que le quería. Y él, también a ella. Pero apareció. En el fondo de su armario, estaba él. El otro él. Al que le había querido durante mucho tiempo y, engañado. Quería recuperarle, pero ahora había un nuevo amor en su vida
y, quería apostar. Arriesgar, aunque fuese perder el tiempo pero, quería intentarlo con él. Al día siguiente, fue a buscarlo a clase. Vio a mucha gente a la que conocía. Unos cuántos besos de encuentro volaron por el aire. Y, entre tanta multitud, estaba él. Es guapísimo. Dos besos. Se fueron juntos a la parada del autobús, hablaron de tantas cosas menos , de que se querían. Calle Condesa Mencía. Su bajada. Le acompañó. Entre tantas risas se había olvidado de que había otro, el de siempre. Pero, nadie puede cambiar el destino. Tenía que pasar. Ella no estaba segura de hacerlo, pero, lo hizo. Ocurrió. Elisabeth y Ángel se besaron hasta que el sol se cansó de mirarlos.

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