Vengo a
plantearos una teoría. No os preocupéis que no tiene nada que ver con las
teorías platónicas ni pitagóricas.
La
verdad es que esta etapa,a la que llaman adolescencia,es un poco complicada y
una, a veces, no sabe muy bien cómo llevarla. Pero ante la duda, yo os aconsejo
ver el vaso medio lleno , verte guapa recién levantada y escuchar canciones en inglés de las que no
entiendas del todo, no vaya a ser que digan cosas feas y te amarguen el día. También
os recomiendo bajar por las escaleras todas las mañanas, desayunar y sonreír
pues dicen que, si finjes tu sonrisa, al final te la acabas creyendo. La
mayor parte de los días sobrevivimos por mentiras que nos inventamos, así que
ésta, se une a club.
¿Y por qué no disfrutar de lo que tenemos?
De las amigas
estresadas por los exámenes,ésas que dicen que van a suspender y al final te
anuncian gritando su sobresaliente; de los hermanos/as que te cambian el
canal sin preguntar y te quitan tu camiseta favorita; de esa madre que siempre
intenta sonsacarte tu último novio, o de ese profesor que sólo te pregunta a ti si
lo has entendido después de haberlo explicado 4 veces. Y que no se pierda por el camino el amigo que
a parte de hacer el tonto, no sabe hacer
otra cosa; o el que viene por detrás y te sube y te baja o te da un
susto, o ese que siempre cuenta mal los chistes y chistes malos.
Hablando
de amigos, no seamos tontas y riámonos cada vez que hagan una broma con nuestro
nombre o con nuestro defecto. Sonriamos a la vida y a este curso que está
acabando con nuestras energías, que el próximo año nos vamos y seguro que
echamos de menos hasta a la rara de la clase. ¡Ah! Y por un hombre… ni la mitad de la
mitad de tu tiempo, que tienes cosas que hacer más importantes que llorarle.
Más importante como el bailar en bragas o dormir la siesta. O comer, ese
maravilloso placer del que disfrutamos cada vez que tenemos que estudiar y cada
vez que no tenemos nada mejor que hacer.
Y el
tacón alto, la sonrisa sin pintalabios y el autoestima, por las nubes. A la
altura de tus sueños, para que nadie te los pueda robar, ni siquiera el miedo,
ese mismo miedo por el que perdemos a personas. A sí que si hay alguien en tu
día a día al que echas de menos, no se qué haces leyendo esto. Vete y
recupérale. Se igual de valiente como lo has sido de orgullosa.
Por
cierto, a los/las de las malas intenciones ni los buenos días. Mejor que se
queden en sus casas escuchando canciones tristes con su perro o su gato y sus modas, que seguro que valen más que ellos.
Eso sí,
las rayadas de los domingos y las lágrimas en las películas de amor que no falten;
ni los “oh” en los finales felices ni las sonrisas involuntarias.
Aunque
bueno, mucho digo yo.. y soy a la
primera que se le cae el alma cada vez que le ve, y que no es capaz de llevar a
la práctica toda su teoría magnífica. Pero bueno, aquí os la dejo para ver si
vosotros conseguís sonreír más de vez en cuando.
1 comentario:
+1000 para tu teoría. Propongo reírnos de la distancia, sabiendo que no la va a haber al año que viene.
Publicar un comentario