Querer es lo más bonito que se puede hacer en esta vida y, sin embargo, a veces parece un delito. Parece un delito porque, en ocasiones, te obligan a no querer, pues si quieres, sufres.Y sufrir no es bonito. Al menos que sea por amor, porque si sufres por amor, es por algo bonito; por tanto, sufrir por ti, es bonito.
Bonito o no, te quiero y sufro, y como sufro, la gente dice que te olvide. Pero es que yo quiero un final feliz, para los dos, y, olvidar, no es feliz ni bonito. No es bonito olvidar lo feliz que he sido (por tu culpa), ni olvidar personas, ni momentos, ni carcajadas ni viajes. Dicen que solo tengo que olvidarte a ti, mi vida contigo no, pero a ti sí. Porque no me quieres. Pero, si eso es así, no entiendo. ¿Te olvido a ti y mi feliz pasado contigo no? ¿Cómo? No comprendo.
Luego, suponiendo que lo consigo, cuando recuerde mi vida pasada y aparezcas tú, ¿qué hago? Si eras la causa de mi existencia, que la sigues siendo, y el objetivo de mis días. Y la consecuencia, mi vida sin ti.
Perdón por buscar continuamente una explicación a todo, lo suelo hacer cuando no me gusta lo que tengo delante. Llámame cabezota. O loca. Porque sí, estoy loca. Loca por ti. Loca como el primer día. Y esto ya no es amor, es obsesión. Obsesión por querer entender por qué esto tiene que ser así, por qué la vida te regala cosas maravillosas para arrancártelas de cuajo, como si te enseñase a volar en un cielo parecido al infierno. Yo no pedí las alas, así que si me las has dado, no me las quites dos minutos después. Dos minutos.. dos minutos fue lo que me quisiste.
Dos minutos que fueron bonitos, bonitos como cuando me decías te quiero, como cuando me besabas, como cuando éramos dos y no uno y medio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario