jueves, 22 de octubre de 2015

feliz día

Cuántas veces me he preguntado qué es el amor y cuántas veces he intentado explicarlo. 

De vez en cuando, olvido que, en el colegio, me enseñaron que el concepto “amor” es abstracto, masculino, singular; teóricamente algo innumerable que, al final, todos acabamos por contar, un término común que a veces merece escribirse en mayúsculas.
Todos mis intentos de explicar por qué te quise han sido en vano. Y siempre lo serán. Porque, conforme pasa el tiempo, más borro lo que fuimos y más dudas tengo contigo y con lo que eres (y sobretodo con lo que fuiste). De todos modos, ¿habremos cambiado mucho como para olvidarnos por completo?

No. O, al menos, no lo suficiente.

Por mi parte, te digo que me acuerdo de ti y no siento nada; que te pienso y no me acuerdo de tu cara; que sé que no te necesito, que no te quiero pero que aquí sigo, sin ignorarte. Sin hacerte caso, pero pensándote. Y qué le digo yo a mi cabeza cuando se acuerda de tu nombre, si no sé cómo explicarle que ya no estamos, ni tú ni yo,  y que ya no hago nada al respecto. Estoy forzándome a mí misma para no olvidarte del todo, porque sé que eso puede llegar a pasar en unos meses. Y no quiero. No quiero porque creo que no te lo mereces, porque, a pesar del daño y del rencor, hay (y quiero creer que siempre ha habido) una parte bonita con la que yo me explicaba qué era el amor. 

No hay comentarios: