domingo, 28 de diciembre de 2014

Tengo ganas.. de ti no, de otro nuevo.


La juventud es efímera chavales y la belleza, también. Pero a mí, más que la fugacidad de la vida, me preocupa la fugacidad de las ganas.

¡Cuándo aprenderán los adultos a vivir cada segundo con tanta intensidad!

A querer, a querer hasta llorar y dejar de dormir. A luchar por los sueños como se lucha en una guerra. A saber perdonar y a pedir perdón, a olvidar y a recordar. A tener ganas, GANAS DE VIVIR. De vivir, de disfrutar, de soñar. Ganas de equivocarse. Responsabilidad, si apareces por aquí antes de tiempo, te mato. Lo prometo.  Ahora que tengo tiempo para arrepentirme, para caerme, para enamorarme del mismo imbécil de siempre, para criticar a la fulana de todas las mañanas,.. no van a venir las consecuencias a fastidiarme. No, no. Ya he perdido demasiado tiempo echando de menos a dos hijos que no tenía y que quería tener. Ahora, sin embargo, quiero tener ganas. Ganas de hacer todo. De probar, de probar cosas nuevas y de tomar malas decisiones. Para aprender y de ancianita, ser más sabia y decir a mis nietos con la boca bien grande 

EQUIVÓCATE, ES LO MEJOR QUE TE PUEDE PASAR EN LA VIDA.

Claro, diréis “Es muy fácil decirlo ahora que eres joven, pero cuando crezcas.. la mente cambia” Bla, bla, bla, CHORRADAS. Lo único que cambia con la edad es el estado físico y yo, entiendo que no te quieras tirar de un helicóptero con 40 años ( aunque se pueda hacer perfectamente) pero las ganas, están ahí siempre. Ganas por… por trabajar en otra cosa, por aprender idiomas, por conocer a gente nueva, por explorar la selva amazónica, por escribir un Premio Nobel, por ayudar. Pero ayudar A LO GRANDE, viajando a África para enseñar, para conocer, para crecer, para convivir.

O igual sí, las ganas se acaban y las fuerzas, también. Ya lo descubriremos.

Pero ahora, ahora somos muy jóvenes. Que se os acaben los novios, los polvos, las copas, el dinero y la ropa, pero que las ganas…

¡Las ganas que no se os quiten nunca!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso, tienes toda la razón del mundo y es que no hay nada más bonito que arriesgar