sábado, 30 de agosto de 2014

El pueblo es la mejor medicina para curar males

Si no que nos lo digan a nosotros ¿ eh?
Somos los científicos que hemos comprobado  que mejor que un mes al lado de la familia para desconectar no hay nada. Después de un curso largo y frío, de temporadas duras, de desamores y amores, de caídas y tropezones llegas a tu trocito de Edén, a tu segundo hogar donde tu segunda familia te está esperando, donde, por un momento, lo malo es menos malo.Es el lugar donde las risas y los buenos ratos son tu día a día, donde las visitas al Esteban sustituyen a los idiotas a los que tienes que ver la cara cada mañana y donde la piscina de Pablo se convierte en tu playa particular, sin arena , sin ruido y con la melodía que tus amigos provocan al hablar de fondo.
A veces pienso que la felicidad sí existe. Lo pienso cuando les veo a todos ellos sentados, juntos, hablando y comiendo pipas, sin decir nada importante, recordando momentos o incluso discutiendo y, después de un rato observándoles, caigo en la cuenta de que no necesito nada más para sonreír en verano. No hay fotos en el Facebook, ni palabras en el diccionario que sirvan para describir lo feliz que me hacen, lo mucho que les quiero y lo que me revienta no poder verles mas a menudo. Todos ellos me llenan a su manera, me dan sus chistes y sus bromas, sus abrazos y sus consejos, sus lecciones, su manera de disfrutar de la fiesta, sus buenas y malas influencias, su alta autoestima, sus ánimos para seguir adelante cuando las cosas van mal ... pero, sobretodo, me dan su compañía y sus ganas de demostrar al mundo que se puede seguir soñando despierto. A sí que doy gracias a lo que haya ahí arriba, al lado de las estrellas que nos iluminan la era, que les cuida durante el año para volver sanos y salvos cada verano conmigo, que les hace aguantarme y sobretodo, que hace que seamos una familia que, por poco que se vea, sueña todas las noches con esos ratos juntos.

No hay comentarios: