"Tardé en aprender a olvidarla diecinueve días, y quinientas noches..."
Descualgan un teléfono al escuchar la voz de un poeta cantar.
-¿Diga?
+ Ya he llegado, ya estoy aquí. Pero me ofrecen tres tipos de casa diferente, hay tres puertas, de tres colores distintos, cada una me ofrece una cosa, cada una me invita a entran con un argumento diferente, no sé qué hacer.
-Son las tres de la mañana, Valeria, creía que ibas a continuar mañana.
+¿Pararme en este largo camino? No, quita , quita, cuánto antes, mejor.
-¿Es tan bonito como dicen?
+Bueno, sí,la verdad es que sí. El adjetivo bonito se queda corto para tanta belleza junta, es indescriptible. Hay colores, muchísimos colores por todos los lados, hay niñas pequeñas con la melena rubia, hay recuerdos patinando, hay sonrisas con mochilas y hay hojas, cientos de hojas, hablando con el otoño. Esto es una pasada Mady, tenías que haber venido, somos de las pocas que podemos entrar en este mundo desconocido, el mundo de la nada.
-No voy a dejar aquí a Adam, lo sabes.
+Mady, voy a echar de menos tu voz.
-Existen los teléfonos,¿sabes?
+No, aquí no. No puedo comunicarme con nadie, esta es la última llamada que hago, ¿porqué crees que nadie nunca nos ha hablado de este lugar? Porque es imposible salir de aquí, de todas formas, nadie quiere volver. Bueno Mady, te tengo que dejar. Te quiero mucho, ¿vale? Y una cosa, cuídate mucho y, a él, también, que estoy segura de que os irá muy bien juntos. No me olvides y, sobretodo, no llores jamás por mí, porque todos mis momentos contigo son felices. Un beso, hasta siempre.
Pii,pii,pii.
Una lágrima la despertó. Mady sabía perfectamente que el mundo de la nada era una simple metáfora de lo que, en la vida real, es un cementerio.

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